Victor Elías Morón entrena en la VIDENA a todo aquel que quiera ser campeón.
Había dado unas cuantas vueltas al velódromo. Tenía mucha dificultad para respirar, lo cual es normal a una altitud de 2300 msnm. El Campeonato Nacional Juvenil 2001 se realizó en la villa deportiva del cerro Juli en Arequipa. Llegamos en la mañana y ese mismo día en la tarde estuve rodando para aclimatarme lo más pronto posible. Toro me llamó, me dijo que parara un rato. No me había dado indicaciones, sólo me miraba. Me apoyé de la baranda de la pista, Toro se acercó y con una voz serena me dijo entre muchas cosas: “…uno entrena y compite para darse una alegría y para darle una alegría a la familia, se corre por eso, en todo lo que hagas siempre ten presente que se tiene que buscar ser uno entre los demás…”
En ese momento no pude reconocer a Toro. Por lo general si en alguna competencia se oía un “pisa carajo” o alguna frase subida de tono podías tener la seguridad de que Toro estaba ahí, apoyando a sus pupilos. Siempre con la voz gruesa, ya que el grito es la herramienta favorita de Toro. Pero esa tarde muy fría en Arequipa me hizo ver un lado de Victor Elías morón, El Toro, que no conocía hasta entonces. Entendí que no sólo era un entrenador, era un buen amigo.
Luego me dijo: “date más vueltas caramba que todavía hay luz”. Mientras rodaba en la pista en mi mente (y hasta hoy) giraban las palabras de Toro. Pensé que quizá el 20 de diciembre de 1989 en México Toro llamó a Augusto Echecopar y le dijo cosas parecidas, palabras de aliento, un discurso humano, un consejo de vida. Ese día Echecopar batió el récord mundial de Kilómetro contrarreloj juvenil, el mérito más grande del ciclismo peruano hasta hoy.
Al día siguiente los diarios celebraban la buena nueva: “Echecopar batió récord mundial”
[1] Su padre lo esperaba en el aeropuerto junto con la prensa. Ya en Lima las palabras del mejor del mundo fueron: “Agradezco el mérito a mi entrenador, Victor Elías Morón, el Toro”
[2]Son muchas las versiones del origen de ese apodo. Se dice que se le llama así por la manera con la que bajaba, muy rápido y vehemente sin temor a las curvas como un toro. Se dice también que en el velódromo en la prueba de medio fondo sacaba 3 o 4 vueltas de ventaja a los demás, de ahí el apodo. Pero cuando se lo pregunté me contó una nueva versión. “Cuando yo corría por el club Cachorros Garozzo teníamos un médico italiano apellidado Gambeta. Una vez en una prueba de reflejos dijo este ciclista tiene los reflejos de un toro, desde ahí quedó ese apodo”
Toro. A simple vista vemos a un señor de edad, con el rostro serio, triste y molesto a la vez. El cabello ondulado, tez trigueña, de caminar ligeramente encorvado y de cuerpo robusto, ya que de enterarse de que dije que estaba gordo me lanzaría una mirada de las suyas, que dan miedo. Y es que cuando se molesta su piel enrojece, a tal punto de que da la sensación que es un verdadero toro que está a punto de embestir. Sus gritos se pueden oír desde la partida hasta la llegada, cuando grita dando indicaciones todos lo oyen, atentos, porque cuando Toro aconseja sobre ciclismo sólo se puede escuchar atentamente y hacer caso.
Pero esa ira, esa pasión que tiene por su deporte la comparte con una amabilidad encantadora. “Victor es capaz de darte una camiseta si es que te falta y si no tiene te da la que está usando” dice Franklin Alarco, presidente de la Federación Peruana de Ciclismo. Y es verdad. No hay favor que toro no pueda realizar, siempre está atento a las necesidades de sus ciclistas, sin importar las incomodidades que pueda pasar. Como cuando entrenamos en la carretera central, nos da la partida en la autopista Ramiro Prialé km 0. Luego nos pasa frutas y agua en la plaza de armas de Chosica km35. Más adelante lo encontramos en el Surco km 66 y cuando el entrenamiento lo requiere llegamos a Matucana km75, en donde también nos espera con más fruta. Lo más curioso de todo es que no nos acompaña ni en auto ni en moto.
Cuando partimos el camina hacia la carretera y toma un bus que lo deje en Chosica, en el camino nos adelanta, no nos damos cuenta pero él nos observa, sabe quiénes están entrenando como deben y quiénes no, a Toro no se le puede engañar. Como llega antes compra plátanos, manzanas, mandarinas y agua. Espera pacientemente a que lleguemos. No nos bajamos de la bicicleta y hábilmente nos alcanza el avituallamiento respectivo mientras nos grita “sigan, sigan hasta Matucana”. Llegamos de a pocos, pero Toro ya está esperándonos. El ha tomado otro bus para llegar antes, en total puede subirse y bajarse de 5 buses distintos un domingo de entrenamiento. Todo con dinero de su bolsillo, ya que no teníamos auspicio alguno.
Pero hubo momentos mejores. Toro recuerda que en el club Cachorros en donde era entrenador tenía un mecánico y una persona que se encargaba del cuidado médico de los ciclistas y así el sólo se dedicaba a lo que mejor sabe hacer que es preparar ciclistas de primer nivel. Herramientas de primera, equipo deportivo variado, tubulares, aros de repuesto, etc. En su afán por ayudar a los demás regaló mucho material deportivo, que hoy en el pequeño almacén de la VIDENA en dónde tiene su “oficina” hacen mucha falta. “Ahora no hay ni parches” reniega siempre. Todos tememos cuidado de no pinchar los tubulares cuando entrenamos en el velódromo, por temor a los gritos de Toro.
La carrea de Victor Elías también está llena de méritos nacionales e internacionales. Pero el que más recuerda es la Copa Pirelli realizada en Lima con deportistas de todo el mundo en la que ganó todas las etapas. Estuvo entre los mejores. Cuando le pregunté el motivo de su retiro del ciclismo me contó: “Me retiré motivo de un accidente que tuve en el velódromo, regresé para la Vuelta México, de ahí me retiré definitivamente” Pero la historia completa es que después de su accidente estuvo entrenando y casi pierde la vida cuando un camión se cruzó en su camino, por poco el camión no lo aplastó. Su esposa había fallecido poco tiempo atrás dejándolo al cuidado de sus dos hijas. Toro se dio cuenta de que si le pasaba algo ellas quedarían solas. Dejó el deporte que adoraba por lo que más amaba en la vida.
Desde Echecopar hubieron algunos que estuvieron cerca, Luis Che, campeón panamericano, entre ellos. Pero la situación del deporte nacional en general decayó desde 1989. El nivel del ciclismo no fue ajeno a esta situación. Toro tuvo que acomodarse. Trabaja actualmente para la Federación de Peruana de Ciclismo, pero él no lo hace por el dinero. Lo hace porque es el deporte que le da vida, la misma que estuvo a punto de perder el 2004 cuando una subida de presión lo llevó al hospital con la mitad del cuerpo paralizado. Sin embargo por algo le dicen Toro. No pasó mucho para que regresara a los entrenamientos, obviamente con más cuidados. “Hasta ahora no me recupero completamente, todavía estoy mal”
Verlo renegar es algo muy común, pero hemos aprendido que si Toro te grita exigiéndote más es porque sabe que tienes las cualidades para hacerlo. Los pupilos del Toro siempre son de cuidado. Pero en los últimos años se ha dado una constante en los ciclistas que entrena. Y es que no pueden mantener un ritmo constante. Diversos motivos los alejan del deporte, lo que ocasiona que no puedan alcanzar un nivel considerable. El ciclismo en nuestro país no es una actividad económicamente atractiva, como lo son muchos deportes actualmente. Muchos de los ciclistas de Toro tienen que escoger entre el ciclismo y los estudios, trabajar, etc. Por lo que suspenden sus entrenamientos o no pueden llevar un plan de entrenamiento constante. Siempre aparecen nuevos ciclistas que llegan a la VIDENA preguntando si pueden entrenar con Toro. El siempre dice que sí, pero debe empezar de cero con ellos.
Cuando conocí a Toro estaba renegando con uno de sus ciclistas y me dijo que vaya a la VIDENA con mi bicicleta. A los 15 años entré a la actividad que más me ha enseñado en la vida. Conocí mucha gente buena, de los que destaca sin lugar a dudas la figura de Victor Elías Morón, Toro. Me enseñó una de las lecciones más importantes de todas: en la vida uno debe de buscar ser uno entre los demás, no es fácil, pero hay que dar lo mejor.
Yo creo que Toro está esperando. Entrena actualmente a un grupo de niños que van todos los sábados a la VIDENA. Quizá esté entre ellos el nuevo Augusto Echecopar. Quizá esté ahí la posibilidad de nuevos triunfos, nuevos méritos internacionales, el retorno a un ciclismo peruano de primer nivel. Nadie lo sabe ni siquiera él mismo. De lo único que se puede estar seguro es que cuando ese ciclista excepcional llegue Toro lo reconocerá y lo entrenará.
Christopher Barrón Bravo
Publicista
[1] Diario La República del jueves 21 de diciembre de 1989.
[2] Diario La República del viernes 22 de diciembre de 1989.